Música: George Gershwin, Maurice Ravel, Georges Bizet

Coreografía: Gonzalo Galguera

Duración totale: 61 minutos (+ 15 minutos de intermedio)

Tres obras que se conjugan en una para formar un ecléctico abanico, diferenciado en el vocabulario de sus coreografías: Obertura Cubana, Bolero de Ravel y Sinfonía Vivantes.

Inspirada en los bailes de los clubes sociales y la música popular de Cuba en las décadas del treinta y cuarenta del siglo XX, Obertura Cubana es una coreografía donde la mujer es protagonista y el hombre se de ne como elemento complementario y equilibrio de ese protagonismo. Un hombre baila con varias mujeres dejando ver en ellas a las soberanas del escenario. Él se entreteje en esa femenil cadencia que se acompasa por las notas de Gershwin. La sensualidad cobra vida en el baile. El hombre inmerso en ese universo de exuberancia, interactúa y deja ver su admiración por ella, sus movimientos y belleza, iluminado por la majestuosa gracia de su baile.

Una mirada hacia el poder de seducción que ejerce la mujer en el hombre, su fuerza creadora de ambientes místicos, de rivalidad y desafío. En esta obra la mujer muestra su dominio sobre el hombre, ejerciendo el rol de victimaria con su capacidad mística y la expectación que oculta en ella.

Al igual que el célebre Georges Balanchine, Gonzalo Galguera coreografía la Sinfonía en Do Mayor de Georges Bizet. Para esta oportunidad Galguera titula su obra Sinfonía Vivante, donde el movimiento adquiere validez partiendo de un motivo dramatúrgico musical tan concreto como lo es la sinfonía de Bizet. En Sinfonía Vivante antepone en su creación la emoción y procesos psicológicos humanos como base creadora y línea imaginaria de la composición, donde la forma adquiere en su ejercicio coreográ co una dimensión elocuente y concreta.

OBERTURA CUBANA

Coreografía: Gonzalo Galguera

Música: George Gershwin

Bailarines en escena: 1 bailarín y 10 bailarinas

Duración: 11 minutos

Este poema sinfónico para orquesta del compositor estadounidense George Gershwin (EE.UU., 1898-1937), en un principio llamado Rumba y luego Obertura Cubana, pues según su autor, “da una idea más justa del carácter y la intención de la música”, fue el resultado de las vacaciones de dos semanas que Gershwin tuvo en La Habana, Cuba, en febrero de 1932. Cuando Gershwin hizo este viaje a La Habana ya disfrutaba de popularidad y fama bien merecida, su estreno de 1924 en Nueva York, Rapsodia in Blue, fue un triunfo sin igual que le convirtió en el más reconocido de los compositores de su país, reputación que incrementó con Un Americano en París, y en especial, con Porgy and Bess, que al decir de Alejo Carpentier, es “una creación única y sin precedente, dentro del teatro lírico moderno, volviéndose una suerte de ópera nacional norteamericana”.

Obertura Cubana es una evidente muestra
del talento consumado por el compositor norteamericano, basada en la in uencia de los ritmos caribeños, la percusión nativa cubana y su tradición musical popular; y aunque su viaje fue en total anonimato, su presencia en la isla no pasó desapercibida. Los grandes músicos de
la isla le acompañaron en sus jornadas, Ernesto Lecuona, Alejandro García Caturla, Amadeo Roldán y Félix Guerrero, fueron algunos de
ellos.

 

De esta manera, Gershwin, gratamente impresionado por los ritmos cubanos, fue llevado a la estación radial CMCJ, desde donde transmitía el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, allí entablaron amistad y recogió anotaciones musicales de sus obras. Así nace la idea de hacer una Obertura Cubana, partiendo del son-pregón de Piñeiro Échale salsita, composición que se inspira en las butifarras de El Congo, en el poblado de Catalina de Güines. La obra fue estrenada en Nueva York el 16
de agosto del mismo 1932, los instrumentos fundamentales de la orquesta fueron el bongó, las claves, el güiro y las maracas, situadas a la derecha y al frente del conductor. También integraron la instrumentación: autas, oboes, clarinetes, bajos y contrabajos, trombones, tubas y tímpanos. El estreno fue la apoteosis de la inspiración de Gershwin, del cual él mismo escribió “Era, realmente creo, la noche más emocionante que he tenido… 17.845 personas pagaron para entrar y casi 5.000 fueron a las puertas cerradas intentando abrirse camino en vano”.

UN HOMENAJE A LA MUJER Y SU BAILAR

La mujer como protagonista y el hombre como elemento complementario y equilibrio de ese protagonismo, es el marco visual que prevalece en esta coreografía. Un hombre baila con varias mujeres dejando ver en ellas a las soberanas del escenario. Él se entreteje en esa femenil cadencia que se acompasa por las notas de Gershwin. La sensualidad cobra vida en el baile. El hombre inmerso en ese universo de exuberancia, interactúa y deja ver su admiración por ella,
sus movimientos y belleza, iluminado por la majestuosa gracia de su baile.

Obertura Cubana de Gonzalo Galguera está inspirada en los bailes de los clubes sociales
y la música popular de Cuba en las décadas
del treinta y cuarenta del siglo XX. Es una coreografía que trata de elevar y resaltar el personaje de la mujer dentro del movimiento de esos bailes, los cuales in uenciaron la estética de Hollywood de ese tiempo, particularmente en el contexto bailable popular nocturno, en un periodo tan creativo, en términos musicales, cuando se gestaron ritmos como el mambo, y el son.

En este contexto la mujer mantuvo un rol preponderante, su manera de bailar in uenció el movimiento en las composiciones musicales, la moda y la estética. Obertura Cubana nace de la inspiración de bailarinas de esa época como Carmen Miranda, quien llegó a ser un personaje muy emblemático en el cine latinoamericano y el hollywoodense.

Esta Obertura Cubana, quiere ser el homenaje a esas bailarinas, que sin ser bailarinas profesionales, llevaron los bailes populares cubanos a Hollywood. De esta manera Gonzalo Galguera trata de conformar un equilibrio entre la danza profesional, en este caso el ballet clásico, y un homenaje a esas bailarinas que acompañaron o que hicieron la referencia bailable de esas grandes músicas.

BOLERO

Coreografía: Gonzalo Galguera

Música: Maurice Ravel

Bailarines en escena: 12 bailarines y 1 bailarina

Duración: 25 minutos

Avvalorada como una de las joyas musicales del siglo XX, Bolero,
del francés Maurice Ravel, es una brillantez desprovista de complejas variaciones melódicas; una obra excepcional, dado su carácter minimalista, que con tan solo un patrón rítmico de dos compases y una melodía obstinada de treinta
y dos que sólo modulan al nal, después de deleitar con su juego de repeticiones en una única tonalidad. Bolero es una constante reiteración de ideas musicales con cambios poco sensibles.

Ravel supo descifrar el misterio de cómo atrapar al público con una monotonía sonora que crea expectativa, y envuelve a la vez,en un círculo vicioso de tonada reiterativa que emociona y cautiva.

Su maestría como orquestador le permitió desarrollar una sencilla graduación de orquesta para hacer de dos compases insistentes una obra universal. A pesar de ello, en un principio, el mismo Ravel no le otorgó su respectivo valor; aun así, Bolero, sigue siendo y será una de las más convincentes lecciones de orquestación creada por músico alguno.

La idea de crear Bolero le vino a Ravel por encargo de la bailarina de origen, Ida Rubinstein, quien le solicitó una pieza musical para un ballet que le permitiera bailar sola. La pieza de ballet Bolero fue estrenada en la Ópera Garnier de París el 28 de noviembre de 1928, con un triunfo sin precedentes. Los compases orquestados de Ravel envuelven la narración de este ballet que presenta en escena una mesera quien baila en un bar atrayendo la mirada de las personas que se encuentran allí. La mujer se ondea al ritmo del crescendo y desafía a su público al compás de la música.

Al parecer Ravel estuvo confundido con respecto al éxito de su obra, no lograba concebir la idea de que su trabajo alcanzase tal trascendencia, lo cual lo llevó a pensar que pocas buenas orquestas,
o tal vez ninguna, llegaran a tomarse el trabajo de interpretarla. Hoy su obra día a día aumenta sus públicos, las orquestas del mundo la tienen entre su repertorio, las grandes compañías de ballet la esceni can con admirables libres interpretacio- nes, el cine la ha llevado a sus pantallas; haciendo de esta pieza una obra cada vez más popular, reiterando al Bolero de Ravel como una de las piezas más populares de la música clásica.

Maurice Ravel, quien naciera en Ciboure, Francia en 1875, murió en París en 1937, es considerado junto a Claude-Achille Debussy como uno
de los músicos franceses más importantes del siglo pasado. Suele reconocérsele como el gran representante de la moderna escuela musical francesa.

BOLERO, DANZA RITUAL.

La coreografía, Bolero, de Gonzalo Galguera,
es una mirada hacia el poder de seducción que ejerce la mujer en el hombre, su fuerza creadora de ambientes místicos, de rivalidad y desafío. En esta obra la mujer muestra su dominio sobre el hombre, ejerciendo el rol de victimaria con su capacidad mística y la expectación que oculta en ella.

La mujer crea una ambivalencia que hace a cada uno de los hombres mostrar diferentes facetas de cómo llamar su atención; así, sin darse cuenta, ellos otorgan el valor fundamental dentro de la obra a la mujer.

Este ballet de Galguera, hace de la mujer principio y n de todo cuanto ocurre a su alrededor, y al nal, el hombre motivado por
la imponente gura de la mujer, construye el ritual, y pone en juego sus herramientas de conquista para llegar a ella, y en una dinámica
de movimientos ondulantes concluyen para lograr tal efecto. La mujer durante toda la coreografía permanece en un solo punto. No
se mueve de la cumbre en la cual se encuentra situada. Los hombre a su alrededor admiran y codician su singular gura femenina, desde la perspectiva que le merece su admiración por ella. Observándola de abajo hacia arriba.

En su búsqueda de la conquista, ven a la mujer siempre en diferentes situaciones, en una circular
e inalcanzable cúspide que le hace cada vez más preciada. El deseo les hace marcar siempre nuevos matiz para merecerla, cayendo en un ritual cíclico que se acompasa con las notas insistentes del Bolero de Maurice Ravel.

Dos espacios muy de nidos se marcan en escena, la mujer creando un pacto sensitivo y físico hacia
el hombre, y el hombre dispuesto reaccionar hacia ella. Un exotismo telúrico que exhibe el dominio de las pasiones sobre la razón. Una invocación
y homenaje a la belleza de la mujer en su estado más salvaje y puro, en un cuadro escenográ co cargado de comunicación, donde los hombres exponen sus argumentos con el lenguaje de sus cuerpos, entablando un tour de force a manera de diálogo que llena la obra de misterio y de mucha sensualidad.

SINFONÍA VIVANTE

Coreografía: Gonzalo Galguera

Música: Georges Bizet

Bailarines en escena: 26 (veinte y seis)
1ros solistas: 1 pareja (1 bailarín, 1 bailarina) Solistas: 2 parejas (2 bailarines, 2 bailarinas) Cuerpo de baile: 10 parejas (10 bailarines, 10 bailarinas)

Duración: 48 minutos

Avvalorada como una de las joyas musicales del siglo XX, Bolero,
del francés Maurice Ravel, es una brillantez desprovista de complejas variaciones melódicas; una obra excepcional, dado su carácter minimalista, que con tan solo un patrón rítmico de dos compases y una melodía obstinada de treinta
y dos que sólo modulan al nal, después de deleitar con su juego de repeticiones en una única tonalidad. Bolero es una constante reiteración de ideas musicales con cambios poco sensibles.

Ravel supo descifrar el misterio de cómo atrapar al público con una monotonía sonora que crea expectativa, y envuelve a la vez,en un círculo vicioso de tonada reiterativa que emociona y cautiva.

Su maestría como orquestador le permitió desarrollar una sencilla graduación de orquesta para hacer de dos compases insistentes una obra universal. A pesar de ello, en un principio, el mismo Ravel no le otorgó su respectivo valor; aun así, Bolero, sigue siendo y será una de las más convincentes lecciones de orquestación creada por músico alguno.

La idea de crear Bolero le vino a Ravel por encargo de la bailarina de origen, Ida Rubinstein, quien le solicitó una pieza musical para un ballet que le permitiera bailar sola. La pieza de ballet Bolero fue estrenada en la Ópera Garnier de París el 28 de noviembre de 1928, con un triunfo sin precedentes. Los compases orquestados de Ravel envuelven la narración de este ballet que presenta en escena una mesera quien baila en un bar atrayendo la mirada de las personas que se encuentran allí. La mujer se ondea al ritmo del crescendo y desafía a su público al compás de la música.

Al parecer Ravel estuvo confundido con respecto al éxito de su obra, no lograba concebir la idea de que su trabajo alcanzase tal trascendencia, lo cual lo llevó a pensar que pocas buenas orquestas,
o tal vez ninguna, llegaran a tomarse el trabajo de interpretarla. Hoy su obra día a día aumenta sus públicos, las orquestas del mundo la tienen entre su repertorio, las grandes compañías de ballet la esceni can con admirables libres interpretacio- nes, el cine la ha llevado a sus pantallas; haciendo de esta pieza una obra cada vez más popular, reiterando al Bolero de Ravel como una de las piezas más populares de la música clásica.

Maurice Ravel, quien naciera en Ciboure, Francia en 1875, murió en París en 1937, es considerado junto a Claude-Achille Debussy como uno
de los músicos franceses más importantes del siglo pasado. Suele reconocérsele como el gran representante de la moderna escuela musical francesa.

BOLERO, DANZA RITUAL.

La coreografía, Bolero, de Gonzalo Galguera,
es una mirada hacia el poder de seducción que ejerce la mujer en el hombre, su fuerza creadora de ambientes místicos, de rivalidad y desafío. En esta obra la mujer muestra su dominio sobre el hombre, ejerciendo el rol de victimaria con su capacidad mística y la expectación que oculta en ella.

La mujer crea una ambivalencia que hace a cada uno de los hombres mostrar diferentes facetas de cómo llamar su atención; así, sin darse cuenta, ellos otorgan el valor fundamental dentro de la obra a la mujer.

Este ballet de Galguera, hace de la mujer principio y n de todo cuanto ocurre a su alrededor, y al nal, el hombre motivado por
la imponente gura de la mujer, construye el ritual, y pone en juego sus herramientas de conquista para llegar a ella, y en una dinámica
de movimientos ondulantes concluyen para lograr tal efecto. La mujer durante toda la coreografía permanece en un solo punto. No
se mueve de la cumbre en la cual se encuentra situada. Los hombre a su alrededor admiran y codician su singular gura femenina, desde la perspectiva que le merece su admiración por ella. Observándola de abajo hacia arriba.

En su búsqueda de la conquista, ven a la mujer siempre en diferentes situaciones, en una circular
e inalcanzable cúspide que le hace cada vez más preciada. El deseo les hace marcar siempre nuevos matiz para merecerla, cayendo en un ritual cíclico que se acompasa con las notas insistentes del Bolero de Maurice Ravel.

Dos espacios muy de nidos se marcan en escena, la mujer creando un pacto sensitivo y físico hacia
el hombre, y el hombre dispuesto reaccionar hacia ella. Un exotismo telúrico que exhibe el dominio de las pasiones sobre la razón. Una invocación
y homenaje a la belleza de la mujer en su estado más salvaje y puro, en un cuadro escenográ co cargado de comunicación, donde los hombres exponen sus argumentos con el lenguaje de sus cuerpos, entablando un tour de force a manera de diálogo que llena la obra de misterio y de mucha sensualidad.