Coreografía: Gonzalo Galguera

Música: Georg Philipp Telemann

Arreglos musicales y grabación: Cristián Carvacho, Alejandro Soto, Diego Villela y Thomas Duda

Asistencia coreográfica: Olga Ilieva y Elena Cala

Escenografía: Juan León

Vestuario: Pascale Arndtz

Diseño de Vídeo: Jacopo Castellano

Los Pasos Perdidos

Ballet basado en la novela homónima del escritor Alejo Carpentier

Estreno en Colombia
Julio 2016, Teatro Municipal Enrique Buenaventura, Cali

Los Pasos Perdidos, un clásico de la literatura hispanoamericana

El mundo de las letras conocería una de las obras más relevantes de la literatura hispanoamericana, cuando en 1953 el escritor cubano Alejo Carpentier publicara Los Pasos Perdidos, obra barroca que instauró lo Real Maravilloso en lo literario; reafirmando así, el universo narrativo carpenteriano donde, a través del relato novelesco, el lector asiste a un redescubrir de nuestra América.

Los Pasos Perdidos, que en 1956 ganara el premio francés Prix du Meilleur Livre Etranger, narra a manera de diario de viaje, el recorrido físico y espiritual de un músico a través de la vastedad de las selvas suramericanas –lugar que se puede pensar ubicado en la Orinoquia venezolana–. Este viaje resulta como el pretexto en la narración para encarnar la dualidad y el contraste entre la configuración del mundo occidental y el universo indígena de las selvas americanas.

El viaje transcurre como una revelación atravesada por la subjetividad del narrador quien, hijo de la ciencia y la razón de Occidente, al conocer el pensamiento y la dinámica de vida que alberga la selva, descubre un mundo naciente, colmado de significación, misterio y relevancia en cada uno de sus actos, aumentando para sí el desencanto y existencialismo que le provoca su vida de vacío, la cual acusa como resultado del artificio de una cultura que ha perdido la razón de sus tradiciones, de lo esencial y de lo necesario.

En su diario el músico deja la imagen de un hombre atrapado por el hastío de su cotidianidad, de quien vive su día a día como el recitar de un desgastado libreto. Sumido en el desencanto de su época, acepta el encargo de una universidad norteamericana de viajar y encontrar un instrumento musical autóctono de una tribu amerindia. En esta posibilidad de escape a su monotonía, el músico descubre un universo inimaginado, donde ocurre un desplazamiento y choque geográfico que le deslumbra por la magnificencia de la selva, su espectral estampa y la pletórica y auténtica ciencia de la gente de estos territorios; pero también, experimenta un viaje no físico en el tiempo, un desplazamiento de miles de años hacia lo primigenio, al nacimiento de las cosas, al ritual de la vida misma; despertando en él sus fantasmas dormidos y la dimensión de un yo liberado de un mundo que lo asfixia.

En Los Pasos Perdidos Carpentier logra construir una profunda reflexión sobre el mundo de la modernidad y la situación en la que vive el ser humano; sobre el automatismo y el afán de nuestros tiempos. Mediante su concepción de lo Real Maravilloso Carpentier nos lleva a sorprendernos con nuestra propia realidad, con la majestuosidad del legado de nuestra historia prehispánica y la riqueza de nuestro pueblo americano; todo ello, a partir de un lenguaje barroco, cargado de contrastes entre lo cosmopolita y la autenticidad humana de la organización tribal. Un juego de oposiciones donde la racionalidad amerindia puede ser vista como mágica, sobrenatural o inverosímil a la luz de otras culturas.

Por: Fredy Prado Gutiérrez

Alejo Carpentier (1904 – 1980)

La segunda mitad del siglo XX fue un productivo periodo de creación para las letras hispanoamericanas. Una de las fuentes aportantes para ese esplendor, que afianzaría a Latinoamérica en el panorama literario internacional, tuvo su razón en las letras del cubano Alejo Carpentier, quien contribuyó en la concepción de la autenticidad literaria de nuestro continente.

Aunque el propio Carpentier dijo haber nacido en La Habana, Cuba, investigaciones póstumas señalan que el autor de Los Pasos Perdidos nació en Lausana, Suiza. Hijo de un arquitecto francés y una pianista rusa, recibió una formación que devino a su pasión y capacidad de interpretar el mundo a través del arte.

Desde niño para Carpentier la música fue parte de su cotidianidad, siguiendo la imagen de su padre quien fuera un discípulo del destacado maestro español Pablo Casals. Un legado que le acompañaría toda su vida e irrigaría su literatura, ensayística, investigaciones y crítica.

En términos de producción escrita, Carpentier es un sinónimo de erudición. Como los más influyentes escritores de su tiempo, fue periodista. Un cronista de su época. En el periodismo se deslizó a través de sus géneros con la docilidad del versado, sumando crónicas, artículos, ensayos breves, críticas de arte, reseñas de libros, cine, música, espectáculos teatrales y ballet, artes que disfrutaba con el encanto de la pasión, desarrollando un periodismo de ideas que a posteriori hiciera eco en su producción literaria.

Su contacto con el raudal creativo de siglo XX abrió su pensamiento a un nuevo entender de su América. Los viajes a México y el Viejo Continente le permitieron tener entre sus compañeros de tertulia y discusiones sobre arte a Diego Rivera, Alfonso Reyes, André Breton, Louis Aragón, Tristán Tzará, Paul Eluard, Jean Louis Barrault, y otros forjadores del Surrealismo francés. Esta experiencia lejos de su tierra –década del 30– le permitió definir su estética. Por contraste su mundo ya no fue el mismo. Una apreciación de sus raíces y geografía que le otorgó una lucidez conceptual para sus pretensiones artísticas.

De entre su literatura podemos contar obras que reflejan un profundo interés por definir la realidad latinoamericana, la de los negros de Haití y las Antillas, los indígenas sudamericanos, y los cambios y consecuencias políticas de su patria en consonancia con el habitual rigor histórico de su pluma. El barroquismo de su mente colmada de genialidad incontenida se materializó en títulos como Écue-Yamba-O!, El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El siglo de las luces, Concierto barroco y La consagración de la primavera, que se suman a la amplia producción textual carpenteriana donde sus vivencias, su época, la música y las artes –explícita o implícitamente–  se mezclan entre sus historias.

La instauración de lo Real Maravilloso latinoamericano en la literatura es el gran importante que Carpentier legó a las letras de nuestro continente. Una impronta que permitió maravillarnos con nuestra propia realidad, tomando como insumos nuestra geografía, historias y costumbres, donde la cotidianidad latinoamericana se devela como un universo fantástico e inverosímil.

Por: Fredy Prado Gutiérrez

Alejo Carpentier, Todo en la danza le fue cercano

Por: Ahmed Piñeiro Fernández

En el conjunto de los tópicos carpenterianos, la danza ocupa una posición axial: como crítico, con un copioso caudal informativo que nos legan sus impresiones de relevantes   acontecimientos a lo largo de más de medio siglo; como creador de libretos, lamentablemente la mayoría de ellos en espera de su verdadera razón de ser;  o en su literatura con fines estéticos, en la que el arte coreográfico deviene tema recurrente.

El itinerario dancístico dentro del periodismo carpenteriano se inicia aproximadamente al mismo tiempo que su debut como columnista. De noviembre de 1922 data su primer artículo, publicado en el diario habanero El País. En el número correspondiente a mayo de 1923, de la revista Chic puede leerse su primer trabajo periodístico sobre el mundo de la danza del que se tenga referencia, y hasta el momento, en este terreno se han catalogado cerca de noventa, en órganos de prensa nacionales y extranjeros. Valiosas publicaciones que van desde la reseña de un espectáculo coreográfico, hasta valoraciones de profundidad reflexiva, en las que sus agudos juicios y descripciones constituyen un testimonio esencial para el entendimiento de una figura, una obra, o toda una época.

Como colaborador del periódico El Nacional de Caracas Venezuela, creó a partir de 1951, y mantuvo durante varios años, la muy leída sección «Letra y Solfa», que con frecuencia diaria difundía sus lúcidos comentarios sobre arte.

Para la escena danzaria, realizó colaboraciones que evidencian ese afán suyo en la búsqueda y rescate constantes de las múltiples aristas de lo auténtico popular cubano. En 1927, culmina dos de sus libretos, ambos con música de Amadeo Roldán: La hija del ogro y el auto coreográfico El milagro de Anaquillé, que el 1° de julio de 1960, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba vio su primera escenificación. Al año siguiente de crear La hija del ogro y El milagro de Anaquillé, escribe los libretos de Mata-Cangrejo y Azúcar, dos poemas coreográficos. También en 1928, en el Théátre Beriza, de París, se estrena su tragedia burlesca Yamba-Ó. La labor de Carpentier como libretista escénico se centró alrededor de motivos y temas que le permitieron reflejar lo folklórico y popular cubanos como vía de reafirmación de los valores nacionales.

De igual modo, en las novelas y relatos de Carpentier la danza se enseñorea –explícita o implícitamente– formando parte de sus «obsesiones» más frecuentes. Así, pues, en su primera  novela (¡Écue-Yamba-Ót, publicada en 1933), se hace presente ya como metáfora… ya como elemento que le permite estructurar la acción… ya como simple mención, al evocar las peculiaridades del mundo de los negros esclavos traídos desde África… o en la descripción de los ceremoniales religiosos donde el baile es ineludible… o en los cantos de ascendencia africana y de origen popular que pone en boca de sus personajes…

En El reino de este mundo (1948), son varias  las referencias a la danza. Concierto barroco no deja de estar atravesado por estas inquietudes, y así encontramos en el texto de 1974 la antológica escena de la audición del Concerto grosso en el Ospedale della Pietá. En La consagración de la primavera, publicada en 1978, Vera, su protagonista femenina, es una bailarina que aspira, y logra, coreografiar una singular versión del célebre ballet homónimo de Stravinski.

Cualquier intento de abordar la obra de Alejo Carpentier haciendo resaltar sus vínculos con el arte coreográfico, quedaría incompleto sin destacar la relación del eminente intelectual con el Ballet Nacional de Cuba. Desde su fundación, la compañía tuvo en él a unos de sus más fieles valedores. Amigo personal de los Alonso, fue la prima ballerina assoluta quien motivó al autor de El siglo de las luces un curioso y sentido poema, sin olvidar que, a manera de homenaje, muchos de los rasgos que caracterizan a la protagonista de La consagración…. están inspirados en la figura de Alicia. No todos conocen que el escritor se acercó a la gran cubana y al Ballet Nacional de Cuba durante su trabajo en esta novela, en busca de elementos útiles a la ambientación de la obra.

Resumen extraído del texto:

Alejo Carpentier (1904-1980) Aniversario 95 de su natalicio,

publicado en la revista Cuba en el Ballet, N° 94 / mayo-diciembre 1999.

Gonzalo Galguera habla de su ballet Los Pasos Perdidos

¿Qué lo motivó a versionar al ballet Los Pasos Perdidos de Alejo Carpentier?

La motivación está principalmente en la novela. Ella es la puerta al mundo carpenteriano. Es una historia con la que me identifiqué. Tenemos por una parte el viaje del musicólogo en busca de estos instrumentos musicales, su visión occidental de muchos procesos sociales, espirituales, el viaje real; pero por otra, está el viaje irreal, el espiritual. Esa manera de plasmar esos dos tipos de viajes, tan segura, tan llena de códigos, misterios, aventura, me creó mucha expectativa. Al mismo tiempo vi un potencial teatral fuerte con todos los ingredientes para la creación de un ballet.

Los Pasos Perdidos es un ballet contemporáneo, bastante completo en el discurso teatral. Utiliza recursos de la danza clásica como de la danza contemporánea y elementos étnicos. Es una historia llena de belleza, de mucha intensidad emocional, dancística, una obra amena, llena del colorido de los mundos que se enfrentan.

¿Cuáles son los elementos de la novela que usted toma para crear su coreografía?

El elemento principal está en los procesos de búsqueda que va teniendo el personaje principal, que al mismo tiempo crean en mí, como coreógrafo, un puente de identificación que me aporta la libertad necesaria para crear los dos mundos: el mundo occidental, funcional, materialista, racional y el mundo telúrico, sensitivo, espiritual como contra partida.

¿Cómo asume el reto de escenificar el vasto universo descriptivo de Carpentier?

Ese es el gran reto. No trato de comentar la obra, no trato de repetir lo que Carpentier magníficamente escribe, sino de traducir, con mi lenguaje coreográfico la manera como he entendido la obra, como me veo reflejado en ésta. Entonces tomé elementos determinados de la obra sin llegar a narrarla esclavisantemente, llevar el movimiento como portador del contenido.

¿Qué elementos novedosos tiene la obra?

Está la parte visual, la sonora y espiritual. Me dediqué a buscar un estilo musical concreto que es el barroco. En el componente sonoro del barroco con Georg Philipp Telemann como el compositor espina dorsal de la obra. Tuve el privilegio de trabajar con dos compositores chilenos y uno polaco que hicieron la música especialmente basados e inspirados en la música de Telemann.

Luego está el vídeo, creado por el artista italiano Jacopo Castellano, como ese elemento que llega a confluir toda la parte estética de la obra, más toda la lectura escenográfica que le da Juan León. Estos elementos, lo visual y el estético, son muy importantes en la obra, da la unidad conceptual, configurando otro cosmos, un universo propio que se diferencia de la novela.

¿Quiénes intervienen en la obra?

Está Juan León en el diseño escenográfico, quien planteo un mundo visual de contraste entre la funcionalidad, el rigor y la formalidad arquitectónico dela primera parte, que se ve a través de las líneas, donde la naturaleza no tiene espacio, donde no hay curvas, no hay libertad en las formas, las columnas, lo vertical, nada horizontal; y en la segunda parte es todo lo contrario, el color, la exuberancia, el desenfado en la forma, no hay un concepto formal, no hay una funcionalidad.

Está la parte de vestuario realizada por la diseñadora alemana Pascale Arndtz. Para ella fue importante darle al cuerpo lo que necesitaba para acentuar el contraste de la primera y la segunda parte, así como quiso Carpentier darle a su personaje principal, su búsqueda, ese algo que le falta, el no encontrar su identidad.

También está el vídeo, que llena el espacio apoyando la psicología del espectador, para encontrar y conectarle con lo que está ocurriendo en el personaje principal, siempre visto desde su óptica, todo cuanto en él está ocurriendo psicológicamente.

Entrevista realizada por la Oficina de Comunicaciones de Incolballet